- El technofolklore,un género musical
¿Qué es el techno folklore?
¿Cuáles son sus características musicales y las características de sus comunidades de oyentes?
¿Cuáles son sus implicaciones económicas y socioculturales?
Todos los trabajos que serán analizados tienen la característica central de ser creaciones enmarcadas en la producción musical nacional que surge de sectores mestizos, urbanos y rurales, de hecho las fronteras de estos están un poco disueltas, y que tienen una relación íntima con el foklore pues muchas de estas expresiones comparten espacio, complementan y en algunos casos reemplazan el consumo musical necesario de las fiestas populares, fiestas de pueblo, celebraciones patronales de comunidades, festejos religiosos, y demás variedades de fiestas que se desarrollan en las zonas rurales o suburbanas de nuestro país. La música con base en el techno, en los sonidos sintetizados por teclados, loops y cajas de ritmos, va ganando espacio desde hace décadas ante la tradicional banda de pueblo. A estos géneros, que tienen cierta raíz en los ritmos andinos e incorporan elementos de la música pop se les ha denominado techno folklore en este trabajo, por su íntima relación con la performance foklorica de la fiesta popular.
Origen del techno folcklore.El techno folklore nace como una propuesta de análisis del conjunto de propuestas musicales nacidas en el contexto de la tradición cultural de lugares específicos, las poblaciones rurales de la serranía e incluso zonas campesinas de la costa.
La fiesta popular con su clásica estructura tiene su origen en los sistemas de hacienda donde además del concertaje existían otras formas de generar endeudamiento en los pobladores para mantenerles relegados al trabajo cuasiesclavo, una de estas formas fue el priostasgo que consistía en que un habitante de la comunidad de la hacienda auspiciaba, endeudándose muchísimo, la celebración de determinadas fiestas, como podían ser las patronales correspondientes al santo, virgen o figura religiosa que según la estructura eclesíastica bendecía esa población que generalmente llevaba su nombre.
El prioste era el encargado de proveer de comida, bebida y algo muy importante, la música para las celebraciones. La música desde luego tuvo tintes mestizos e indígenas desde aquel tiempo, los ritmos andinos que se bailan como el albazo, el san juanito, el capishca, aire típico, incluso el yaraví para los momentos más sosegados o incluso dedicados al sentimiento y la bebida, todas interpretadas por músicos pagados de la hacienda, o incluso traídos de afuera, como retratan los testimonios y las literaturas de diversas épocas, generalmente bandas enteras.
Desde las reformas agrarias y las modificaciones del sistema político del ecuador que se fue dando progresivamente entre los años 40’s y 90’s en el Ecuador el concertaje desapareció, y la figura del prebostazgo se fue modificando para mantener, sí cierta similitud como el auspicio económico de una persona o familia que se endeuda, aunque ya no necesariamente con el hacendado, para pagar las fiestas, y claro, todo dándose en un contexto ligeramente más democrático. En esta modificación del estatus económico y el avance de la técnica surgen nuevas propuestas musicales, que como es normal en esta práctica cultural de la fiesta popular, el prioste debe pagar.
Pagar una banda de pueblo suele ser más costoso, y no todas las localidades cuentan con su banda, y mucho más para fiestas cuya duración desde los primeros pregones hasta el auge de la fiesta pueden durar desde unos dos días enteros, con sus noches, hasta las semanas circundantes, y aunque hay quienes por su ímpetu festivo y su afecto hacia la comunidad deciden costear todo lo que se pueda una banda, dentro de sus posibilidades, muchas veces la propuesta es algo más económica y compacta. Una de ellas es alternar entre música grabada provista por los conocidos “disco-móviles” que suele tener un catálogo de música popular administrado por un DJ, y artistas que pueden presentarse en el formato de cantante sobre una pista, o un sample de acompañamiento musical, e incluso alguna banda. El objetivo de la música suele ser alentar al baile, los juegos, acompañar las comparsas, los toros de pueblo, y el gasto y el disfrute de los múltiples feriantes que se presentan en el punto céntrico de la comunidad, generalmente la plaza central donde suele haber una iglesia y muchas veces una escuela y en ocasiones alguna oficina administrativa rudimentaria.
Dado que esta tradición tiene este fuerte componente de cultural campesino, o campesino-indígena, la música que se toca suele tener estas raíces musicales, y las propuestas que surgen en medio de estos contextos también lo tiene, solo que con variantes propias de los procesos migratorios y globalizantes; la entrada de la industria cultural, en el sentido de generar musicalidades “más pop” y también un acoplamiento técnico, como el del disco-móvil, van conformando un sincretismo que si bien no puede superar la raíz de la festividad si se manifiesta fuertemente en el aspecto musical. Claro está que es más económico costear una presentación que requiere ya no del montaje de decenas de músicos sino de uno o dos y del equipamiento de sintetizadores o equipos de reproducción adecuados. Las bases de la música andina se mantienen.
Ecos de sanjuanes, yumbos, capishcas suenan en los estilos más bailables, y de hecho escuchar estas armonías y melodías provenientes de la música folklórica de los pueblos de la sierra ecuatoriana, sobre las propuestas tímbricas propias del uso de sintetizadores y máquinas de ritmo y loops, en tempos acelerados, característicos de la música techno (consolidada en los años 80’s en Europa y EU como música bailable de discoteca), y combinada con las voces más bien dulces y alegres, pero con color de lamento propio de la música indígena-mestiza de la sierra ecuatoriana, puede resultar un poco chocante para quienes no comprendan el contexto. Ya vimos a principios de este siglo las polémicas internacionales con representantes de la música chicha del Perú (equivalente de nuestro techno.focklore) como Wendi Sulca, o la Tigresa del Oriente, quienes acabaron trabajando con uno de los representantes del Ecuador que generó, con armonías de capishca sobre un sintetizador tocado por él mismo ese conocido homenaje a las víctimas de las torres gemelas que también despertó la polémica. Y aunque esta respuesta positiva ante la deformación que la burlesca hilaridad de los medios pudieron generar no era una búsqueda por demostrar identidad u orgullo nacional, algo que en declaraciones de estos artistas tampoco se desprecia, sino un ejercicio artístico auténtico enmarcado más en este goce festivo que caracteriza sus orígenes, muchos siguen asociando estas producciones a la llamada música popular nacional, y sí, posiblemente por estos mismo fenómenos estas sean de las producciones más consumidas en la historia de nuestro país, porque aunque sea desde la hilaridad, que puede producir, esta música genera goce, y un goce auténtico en quien la baila en sus fiestas o quienes la consumen de forma irónica, este goce, este hedonismo conjuga muy bien con los valores de la industria cultural, del consumo masivo, de la globalización.
Claro, musicalmente se sostiene muy bien también, y la apropiación de estos recursos técnicos son muy respetables, es por esto que de una u otra forma se integran con tanto éxito a la música de consumo masivo y popular nacional y mundial, artistas como Ángel Guaraca o Byron Caicedo vienen realizando estas propuestas por décadas y han hecho escuela, y viven de esto y dan trabajo a sus equipos y disfrute y un espacio de goce hedonista al puro estilo capitalista, y de unión de la comunidad al estilo más popular, a través de su música. Ya lo dicen Los conquistadores de Ambato en sus voces de presentación y agradecimiento en El Conejito, “esto es techno, para todas las discotecas”. Y eso no quita que ellos, al igual que varios sus compañeros antes citados, se presenten vistiendo sus ropas tradicionales, sean muy orgullosos de haber nacido en comunidades campesinas y ser kichwa hablantes, y que su música sea bailada incluso por las comparsas, danzas grupales típicas, en las fiestas de pueblo.
Concretando, las características del techno folklore como género musical son: Bases armónicas, melódicas y rítmicas propias de la música folklorica, propias de las fiestas de pueblo tradicionales, especialmente música indígena de la sierra (yumbo, Albaro, fandango, capishca, aire típico, cachullapi, sin embargo, se podría integrar a esta categoría producciones con influencias de otros folklores como la música negra del chota en sus géneros representativos como la bomba, o música de regiones campesinas de la costa como el son montubio.
Estas músicas suelen tener obstinatos con temas melódicos simples y pegadizos, bailables. Otras fuentes de donde se extraen patrones rítmicos, armónicos y melódicos suelen ser la cumbia. Los temas en las canciones con sus letras pueden corresponder, igual que en sus raíces, a la festividad misma, a la poesía propia de cada comunidad, dichos y leyendas, o a la presentación de las vicisitudes propias de los autores, presentados tanto desde una alegre picaresca o desde el tratamiento de temas sociales, las relaciones amorosas suelen ser un motivo usual.
Son frecuentes los fragmentos de letra recitados y voces que animan a bailar, anuncian la canción. a los artistas y dan mensajes de todo tipo como agradecimientos, saludos, y exclamaciones propias del tema de la canción.
El uso de instrumentos propios del techno, sintetizadores, loops, máquinas de ritmo o percusión electrónica, samples, o ejecuciones de música mesclada por un DJ. Muchos artistas han realizado trabajos de estudio y presentaciones en vivo con otras formas de orquestación además de sus propuestas de música technofolklore, y otros combinan la música interpretada por una banda u orquesta con la de instrumentos electrónicos y sonidos generados por computadora.
Performances en vivo que incluyen cuerpos de baile masculinos y femeninos conformados en muchos casos también por el propio cantante o cantantes, un grupo de baile folclórico que acompaña la presentación musical. Muchas de estas expresiones dancísticas se han integrado a la cultura popular como por ejemplo el típico “paso de technocumbiera” que consiste en un movimiento pendular de la cabellera de la bailarina con el cuerpo suspendido hacia adelante.
Finalmente acotar que las comunidades de oyentes de este estilo o género musical se corresponden en su mayoría a las clases sociales populares y/o que no reniegan de sus orígenes campesinos, indígenas o mestizos. Los oyentes de clases auto representadas como altas o cultas, o con algún intento de blanqueamiento, rechazar este tipo de música y otros no son oyentes frecuentes en sus contextos urbanos y reducen el consumo de esta música a los momentos cuando retornan a sus comunidades de origen para las respectivas festividades patronales o de otros tipos. Tal es la esencia popular que podemos encontrar ejemplos claros en varios artistas, en Byron Caicedo por ejemplo encontramos al menos tres temas que se inspiran en el fenómeno migratorio posterior a las crisis económicas de finales del siglo XX que se sucedieron en nuestro país. ”No soy de tu clase” “La mitad de mi vida” y “Dos corazones”, atravesados además por el tema del amor.
El tratamiento de los temas sociales con emotividad es otro motivo. Aquí un ejemplo, un tema de Delfín Quishpe en homenaje a los mineros rescatados en Chile, con un loop que hace que por momentos uno piense en Depeche Mode.
Las referencias musicales y la influencia de la música más mainstream de las últimas épocas es notable y tiene muy buena asimiliación.
Este video es una joya, uno ve la introducción con I can't get no (Satisfaction) de The Rolling Stones de fondo y se da cuenta de que esta gente sabe de la buena música.
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